3 razones para hacer un (BUEN) análisis del juego en deportes colectivos

En las actividades formativas en las que participo relacionadas con los métodos de análisis táctico, todavía es frecuente escuchar a entrenadores que no utilizan el vídeo para hacer un análisis del juego. Unos argumentan que en categorías inferiores no es necesario. Otros dicen que no quieren modificar su juego cada semana en función del rival y que es el contrario el que debe cambiar para adaptarse a nosotros. Son opiniones respetables, pero desde mi punto de vista son argumentos para un fracaso.

Escuchando a otros expertos en análisis del juego hablar sobre la importancia de esta fase, suelen dar un motivo fundamental para mejorar esta tarea: conocer al máximo a nuestro rival para poder responder adecuadamente a sus acciones. Sin embargo, como entrenadores creo que debemos ser más ambiciosos.

Voy a dar tres motivos fundamentales por los que deberíamos preocuparnos de realizar un BUEN análisis del juego.

La primera razón viene relacionada con la planificación de las tareas de entrenamiento. Cuando un entrenador inicia el diseño de los ejercicios que va a poner en práctica en las sesiones diarias debe tener siempre presente dos principios fundamentales: la especificidad de la tarea y la transferencia de las habilidades trabajadas en los entrenamientos a las situaciones reales de competición. Para conseguir cumplir ambos principios es absolutamente imprescindible conocer al máximo el tipo de situaciones de juego que se van a dar durante los partidos.

La observación directa de la competición no es suficiente, como ha demostrado la literatura científica. Si, ya sé que hay entrenadores que dicen que se fían mucho de su experiencia, que han desarrollado perfectamente el “ojímetro”, pero está demostrado científicamente que en situaciones de observación compleja, como es el caso de los deportes abiertos, en los que se pueden dar multitud de situaciones con gran variedad de respuestas, deportes en los que no se puede prever la siguiente acción que se va a dar, el observador (entrenador) sólo es capaz de percibir entre un 20% y 40% del total de acciones que se realizan. Y luego hay que tener en cuenta el porcentaje de acciones que somos capaces de retener al finalizar el partido. Por tanto, difícilmente podríamos conocer bien las diversas situaciones que se pueden dar en un partido si nos perdemos un porcentaje tan elevado del total de acciones del juego. La única estrategia que podemos usar con garantías es el análisis a través de los vídeos.

Este análisis no es suficiente hacerlo con carácter general sobre el deporte en cuestión. No es lo mismo un partido de alto nivel que uno en etapas de iniciación. Se trata de estudiar qué tipo de acciones se dan en MI competición, con mi equipo y con los rivales a los que me voy a encontrar.

A partir de ese conocimiento estaré en condiciones de diseñar las tareas de entrenamiento que reproduzcan las condiciones reales de partido, tanto desde el punto de vista físico como táctico como psicológico, y por  tanto, estaré asegurando el principio de especificidad, al utilizar tareas similares a las que se va a encontrar e jugador en el partido, y el principio de transferencia, ya que lo aprendido en situaciones de entrenamiento podrá repetirse en las situaciones de juego real.

El segundo motivo está relacionado con la evaluación de mi equipo. Generalmente, cuando se habla de análisis del juego se presupone que nos estamos refiriendo a evaluar las habilidades del rival. Sin duda alguna que es muy importante, como veremos posteriormente, pero quizás más relevante es conocernos adecuadamente nosotros mismos. Por más que queramos imitar el juego de los grandes equipos, las armas que tenemos para enfrentarnos al rival son las nuestras, las capacidades de nuestros jugadores, tanto a nivel individual como colectivo. Un conocimiento claro y completo de las potencialidades de nuestros jugadores es el primer punto de partida. A partir de ahí podemos establecer planes de mejora que permitan al jugador/equipo incrementar su rendimiento o dar soluciones tácticas a los problemas del juego en función de las fortalezas del conjunto. Y todo esto justifica el segundo motivo por el que es necesario hacer un buen análisis del juego. Fortalecer nuestro papel de líder de un colectivo. Un entrenador que es percibido como la persona que es capaz de incrementar el rendimiento del grupo y que aporta las soluciones a los problemas de juego que se nos planteen, indudablemente, será percibido como alguien en quien se puede confiar.

Y hemos dejado para el final lo que se suele entender por análisis del juego, el estudio del rival. La mayoría de los expertos que he escuchado opinar sobre los motivos para hacer el análisis del juego coinciden en dar un motivo como razón fundamental para analizar al contrario. El conocimiento detallado del juego que puede desarrollar el equipo adversario o los jugadores a los que nos vamos a enfrentar, nos permitirá realizar un análisis detallado de sus fortalezas y debilidades y plantear nuestras posibles respuestas para neutralizar sus acciones. Pero si analizamos esta perspectiva vemos que nos situaríamos en una posición reactiva. Es el contrario el que realiza la acción y nosotros respondemos. Es evidente que ese proceso de estímulo-respuesta lleva un tiempo ineludible de procesamiento y, consecuentemente, siempre iríamos por detrás en el juego.

El estudio del rival nos debe permitir avanzar un paso más. El profesor de la Escuela Nacional de Entrenadores de la Real Federación Española de Balonmano, Manolo Laguna, expresa que un buen jugador es el que es capaz de leer las situaciones del partido, pero un fuera de serie es aquel que es capaz de escribir las situaciones de partido que le son más propicias para sus cualidades (y como él dice, también están los jugadores que no son capaces ni de leer ni escribir el partido). Está claro que a todos nos gustaría tener los jugadores que son capaces de escribir el partido. O al menos, un número importante de ellos.

Esta afirmación es totalmente aplicable a los entrenadores de los deportes abiertos. Un buen entrenador será aquel que es capaz de leer las situaciones de partido para ofrecer las respuestas adecuadas en función de las armas que posee. Pero eso le situará en una posición reactiva, siempre un paso por detrás del rival. Y ese es el tercer motivo que aporto para hacer un (BUEN) análisis del juego, convertirnos en un entrenador excepcional que sea capaz de escribir la historia del partido que más le interese, planteando las estrategias adecuadas para que el juego del encuentro se desarrolle en el escenario que le sea más favorable para sus intereses, aquel en el que pueda desarrollar al máximo las fortalezas de su equipo y exprimir las debilidades del rival. Esto nos dará ese paso de ventaja sobre el rival y hacer que sean ellos los que vayan un paso por detrás. Y para pasar a este nivel superior de planteamiento ya no es suficiente hacer un análisis del rival, sino que hay que hacer un BUEN análisis del rival.

Espero que estos tres motivos (planificación adecuada de las tareas de entrenamiento, fortalecimiento del papel de líder del colectivo y escribir la historia del partido que nos interese) sea razones de peso para que todo entrenador se esfuerce en hacer un BUEN análisis del juego.

882 lecturas
Por favor, comparte esto

Subscribe

* indicates required

CURSO ANÁLISIS DEL JUEGO EN BALONMANO

Deja un comentario

tres × cinco =

×