¡Que llegue la magia al balonmano!

El balonmano y la magia

No, no es una petición que hago a los Reyes Magos de Oriente, ya llego tarde. Ni tan siquiera es una invocación a que el espectáculo nos inunde en este próximo Campeonato de Europa de balonmano y en el que cada aficionado espera disfrutar de un maravilloso espectáculo de balonmano.

Lo que quiero transmitir con este artículo es la necesidad de que la magia aparezca en el desarrollo táctico ofensivo de nuestro equipo. Y como me temo que estás a punto de abandonar la lectura porque crees que las Navidades me han trastornado, quiero explicarte como los fundamentos en los que se basan los trucos de magia podrían sernos útiles a los entrenadores para mejorar nuestro trabajo táctico, tanto en las tareas de entrenamiento como en el diseño de nuestros sistemas de juego en el balonmano, así como en otros deportes de equipo.

En la actualidad es muy común ver en cualquier deporte a numerosos equipos que hacen las mismas jugadas, unos y otros, independientemente de la categoría. Cada especialidad deportiva tiene sus jugadas de moda. No estaría mal copiarlas siempre y cuando se entienda el porqué del movimiento y esté ajustado a nuestras capacidades tácticas, técnicas y físicas. Sin embargo, la globalización de ciertos movimientos convertidos en “trending topic” deportivos (unido a una mala ejecución que se hace por ser una mala copia) los hace más previsibles y, por tanto, más fáciles de neutralizar.

Y aquí es cuando animo a los entrenadores a ser imaginativos a la hora de diseñar sus modelos de juego. Además de esas jugadas de probada eficacia, podemos establecer nuevos movimientos, o variar los existentes, con soluciones en las que pongamos un “toque mágico”. Lo que se trata es de aplicar los principios científicos cognitivos que se usan para elaborar los trucos de magia al diseño de nuestras jugadas.

Principios cognitivos de la magia

Para entender ese paralelismo que quiero establecer es necesario conocer las bases científicas en las que se basa el espectáculo de la magia. El primero de ellos es el concepto de “memoria de trabajo”. Este tipo de memoria es un espacio cognitivo en el que trabajamos la información que recibimos de manera consciente. Por ejemplo, si queremos recitar un poema o resolver una operación matemática estamos recurriendo a este tipo de memoria. Pero tiene una característica limitadora, se satura con facilidad. Si la operación matemática que queremos resolver es algo compleja, ya nos cuesta mucho. No es lo mismo calcular mentalmente 24 x 5 que 326 x 47.

Relacionado con este concepto de “memoria de trabajo” se encuentra el concepto de “atención”. Es el proceso por el cuál se seleccionan los estímulos que consideramos relevantes para ejecutar correctamente la tarea y que darán la información a la memoria de trabajo. Por tanto, no es que la atención sea limitada, sino que debe ser selectiva, ya que es necesario que se seleccione la información que debe entrar en la memoria de trabajo para que no se sature.

También hay que resaltar que la atención es una especie de radar que va rastreando el entorno continuamente en busca de posibles focos de información relevante y, si no los encuentra, regresa al foco principal.

En el proceso de aprendizaje es primordial la función de la memoria de trabajo. Es en ese espacio en el que se va a relacionar los nuevos conceptos con los que ya tenemos asimilados. Este es el motivo por el que en las tareas de aprendizaje y en aquellas actividades en las que se exija un rendimiento, una adecuada atención es fundamental.

Funciones ejecutivas de la atención

Un proceso de atención óptimo estará regulado por lo que se denominan las funciones ejecutivas. La primera de ellas es el “control inhibitorio” y es la que nos permite aislarnos de los estímulos irrelevantes para centrarnos en aquellos que son importantes para la tarea. La segunda función es la “flexibilidad cognitiva”, gracias a la cual se desarrolla la capacidad de alternar de manera rápida varios focos de atención, ya que, tal y como expresa la “teoría de la carga cognitiva”, cuando pensamos que estamos haciendo dos cosas a la vez, lo que realmente se hace es alternar, de una manera rápida y constante, el foco de atención entre ambas tareas, pero esto ya está demostrado que, ineludiblemente, lo que provoca es una disminución del rendimiento en ambas tareas.

Me imagino que ahora estarás dando vueltas a tu cabeza a situaciones en las que crees que sí estás realizando más de una actividad a la vez. Sí, es posible. Pero analiza esas tareas y comprobarás que, al menos una de ellas, son tareas que no te requieren prestarles atención porque ya están “automatizadas”, ha pasado a la “memoria a largo plazo”, que a diferencia de la “memoria de trabajo” tiene una capacidad ilimitada. De ahí el dicho popular que dice que “el saber no ocupa lugar”.

Cuando aprendemos a montar en bicicleta estamos pendiente de cómo apoyar el pie en el pedal, de cómo apretar el freno, de mover el cuerpo para mantener el equilibrio, de tantas cosas que saturan nuestra memoria de trabajo y provoca que muchas veces no seamos capaces de ver los obstáculos que hay en el camino. Sin embargo, cuando el nivel de destreza es suficiente para no tener que atender a esas cuestiones, se libera espacio en la memoria de trabajo, permitiendo a nuestra atención que se pueda centrar en otras tareas, como observar el paisaje o ir hablando por teléfono mientras montas en bicicleta.

Eso es porque las tareas iniciales ya han sido automatizadas y no requieren de nuestra atención. Es cuando empieza a trabajar la memoria a largo plazo. Alcanzar el grado de automatización es necesario para liberar nuestra atención y dejar espacio libre en la memoria de trabajo y darnos la posibilidad de centrarnos en otra tarea. Y todos sabemos que para automatizar una tarea es necesario muchas horas de práctica.

Ventajas de la automatización de las tareas

Hay otra cuestión importante que se debe tener en cuenta. Cuando se ha alcanzado la automatización de una tarea y surgen en el entorno las condiciones que la activan, es imposible dejar de hacer la tarea de manera automatizada. Imagínate que, una vez que has aprendido a montar en bicicleta, te montan en una y te dejan en una cuesta abajo. No va a haber otra opción que comiences a pedalear y tomar el control de la misma. Y esta automatización aparece tanto en las tareas motoras como en las tareas cognitivas.

Una vez explicados de una manera rápida estas bases cognitivas, es el momento de establecer paralelismos y buscarle la aplicación práctica al entrenamiento.

Ahora será más fácil entender que los trucos de magia se basan en explotar la limitada capacidad de la memoria de trabajo, dirigiendo nuestra atención a focos de información no relevantes (aunque por necesidades del guión el espectáculo los pone en el centro de nuestra percepción para confundirnos), sin permitir que la memoria a largo plazo entre en acción, de manera que la resolución del truco quede lejos de nuestra atención. 

Cuando un mago te dice “mira mi mano, como puedes comprobar no tiene nada”, lo que está buscando es saturar tu memoria de trabajo fijando tu atención en un estímulo que es irrelevante para el truco, aunque te lo muestra como algo fundamental. Además, bien con sus movimientos o sus palabras, desactivará tu flexibilidad cognitiva para que no puedas alternar tu atención con otros puntos que él no desee y en los cuáles va a aparecer la solución. 

En el siguiente vídeo puedes ver uno de los trucos del genial mago David Copperfield en el que hace desaparecer la estatua de la libertad utilizando estos principios que te he explicado.

Aplicando la magia a nuestro balonmano

¿Y por qué no aplicamos estos principios a nuestros sistemas de juego en balonmano? Voy a proponerte dos posibilidades.

Por un lado, tenemos esas jugadas que todo el mundo hace y que hemos decidido incorporar a nuestro repertorio. Al ser un movimiento que las defensas han visto muchísimas veces, han ido incorporando a su memoria a largo plazo distintas posibles soluciones, lo que les permite a los defensores en estas acciones ya conocidas recuperar la información que tienen almacenada y trabajar su flexibilidad cognitiva, alternando su atención entre los distintos estímulos previsibles y poder anticipar su respuesta. Una buena opción para mejorar nuestro rendimiento táctico sería la de tener variantes dentro de estas acciones trending topic cuya solución se aleje del foco de atención principal esperado. Un ejemplo práctico en una de las jugadas más de moda en balonmano, cuando el central saca al pivote por detrás en cruce. Veamos ejemplos de soluciones que se alejan de lo esperado y que están alejadas del foco de atención previsible.

Y una segunda opción es la de tener movimientos nuevos que se basen en estos principios. Saturar la memoria de trabajo de los defensores centrando su atención en estímulos que parece relevantes para la finalización del ataque, mientras que la solución final aparecerá por otro espacio u otro jugador. En el siguiente vídeo puedes ver algunos ejemplos.

Útil en las acciones colectivas e individuales en balonmano

Esta filosofía la podemos aplicar tanto a las acciones colectivas como a las acciones individuales, como vemos a continuación.

Desde luego que no estoy pidiendo que todo ataque de balonmano se convierta ahora en un intento de conseguir lo imposible, pero sí que mejoraría nuestro rendimiento táctico el disponer de estas acciones impregnadas del toque mágico que nos permitieran sorprender a los defensores, tanto en el desarrollo normal del partido, como en situaciones especiales como pueden ser el saque de un golpe franco, momentos finales de partido, cuando se avisa de juego pasivo y otras distintas posibilidades.

Estas acciones sorpresivas dificultarían el análisis del juego que pudieran hacernos, tal y como explicamos en el curso Análisis del juego en balonmano.

Lo dicho ¡QUE SURJA LA MAGIA EN EL BALONMANO!

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CURSO ANÁLISIS DEL JUEGO

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