Quiero ser internacional. Lo siento, naciste tarde.

Comienza el XXII Mundial Júnior de balonmano, donde se supone que están los mejores de esta generación en cada país, pero un rápido repaso a las listas de cada equipo nos muestra algo extraño. Si analizamos a la actual campeona y organizadora, España, vemos que de los 16 jugadores que nos representan ¡12 han nacido en año par y 4 en año impar!¿Es que acaso la fecha de nacimiento determina que seas mejor o peor jugador?

En el campo del aprendizaje motor siempre ha existido el debate para determinar si las grandes estrellas deportivas nacen o se hacen, o lo que es lo mismo, si para llegar a ser uno de los talentos de un deporte debes elegir a tus padres o si toda una vida de esfuerzo y duro trabajo en los entrenamientos te permitirá llegar a ubicarte en el reino de los mejores.

Está claro que la respuesta no puede ser taxativa. La parte genética tiene un peso sustancial en nuestras posibilidades de éxito, no sólo por lo que se refiere al componente biológico, sino también por el entorno que proporcionan los progenitores al desarrollo de los incipientes deportistas. Unos padres que no entienden el esfuerzo y sacrificio que supone el trabajo continuado para mejorar tu rendimiento, seguramente elijan primero irse de vacaciones que renunciar a ellas para que la planificación deportiva siga un curso lógico.

Y luego está el proceso de construcción del talento, que irá conformándose a lo largo de muchas horas y años de entrenamiento adecuadamente estructurado, lo que se denomina la práctica deliberada. No es suficiente entrenar mucho, hay que entrenar bien.

Pero aún teniendo claras estas dos circunstancias determinantes de las posibilidades de éxito futuro de un deportista, hay un hecho que se remonta que también condiciona de manera extraordinaria, incluso antes del nacimiento. Si, es así. Tus posibilidades de llegar a las más altas cotas de rendimiento pueden estar determinadas antes de que nazcas, y en determinados deportes, como en el balonmano, está muy marcada esa limitación.

Es lo que se denomina Relative Age Effect o EFECTO DE LA EDAD RELATIVA. Cuando este efecto incluye más de un año pasa a denominarse Constituent Year Effect (CYE). Los numerosos estudios que han analizado este sesgo determinan, de manera clara, que los deportistas que nacen en los últimos meses del año tienen menos posibilidades de alcanzar el éxito que los que nacen en el primer cuatrimestre del año (Carling, 2008). El motivo fundamental es evidente. Los que han nacido antes tienen un mayor tiempo de maduración y, por tanto, mayores condiciones para el rendimiento.

En nuestro deporte, el balonmano, este efecto tiene una variante característica. Las competiciones internacionales en categorías inferiores se basan en los criterios establecidos por la International Handball Federation (IHF), por el cual los deportistas nacidos en dos años consecutivos se agrupan en la misma categoría, iniciando el corte en los nacidos en año par.

Un primer trabajo que publiqué junto a Saavedra, Fernández y Contreras en la revista Apunts (Influencia del año de nacimiento de una jugadora en las posibilidades de ser captada como talento en el balonmano femenino internacional, 2012) con una muestra de 1049 jugadoras participantes en campeonatos del mundo, determinó la existencia de ese efecto en las categorías juvenil y júnior, lo que significa que las jugadoras nacidas en año impar tienen menos posibilidades de ser seleccionadas por sus países que las jugadoras nacidas en año par.

Un segundo artículo, más reciente, publicado en 2017 en Journal of Human Sport and Exercise, junto a Saavedra y Fernández, (Constituent year effect in international handball at high level) amplío la muestra a 2117 deportistas de ambos sexos y competiciones del mismo nivel internacional, confirmando la investigación la dificultad que tienen los deportistas de año impar para llegar a ser internacionales.

Esto provoca que, generación tras generación, el sistema de adscripción establecido por la IHF para las competiciones internacionales provoque una pérdida sistemática de jóvenes valores nacidos en año impar. Desde luego que no es un criterio realmente positivo si estamos hablando de categorías de formación.

Y la pregunta es ¿realmente son mejores los jugadores nacidos en año par? Evidentemente, no. Por tanto, ¿no debería establecer algún criterio la IHF para no perder por el camino posibles futuras estrellas? Dejamos la puerta abierta para el debate.

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