Siempre hay un roto para un descosido

El refranero español sirve para explicar cualquier situación de nuestra vida cotidiana y, como no, lo podemos aplicar también a nuestro mundillo balonmanístico. La frase “siempre hay un roto para un descosido” viene a decir que siempre hay una persona dispuesta a congeniar con otro ser, por muy distinto que nos parezca a nuestros ojos.

¿Por qué vengo a aplicar esta expresión a un análisis del juego? El maestro Manolo Laguna, en una de sus ponencias titulada “Construcción de un sistema de juego ofensivo”, desarrolla lo que para él debe constituir el proceso de equipamiento armamentístico (y uso este término por la metáfora que utiliza de los diversos tipos de armas que debe tener el arsenal táctico de un equipo), y expone que un equipo bien trabajado tiene la necesidad de ofrecer una respuesta para cada situación posible del juego, o como decía en el título, siempre debemos tener un roto (acción táctica) para un descosido (situación de juego).

Es indudable que todos los entrenadores tienen planteadas, y trabajadas, soluciones para las situaciones de juego en igualdad numérica, tanto desde el punto de vista ofensivo como el defensivo. Quizás ya no todos los entrenadores hayan planteado alternativas a las situaciones de juego en desigualdad numérica ofensiva o defensiva, al igual que en las fases de juego en transición. Pero si seguimos avanzando en la pirámide de la especificidad de las situaciones de juego, es seguro que cada vez serán menos los equipos que sepan a qué deben jugar en determinados momentos. Me refiero a tener soluciones a las situaciones especiales del juego, como pueden ser los momentos finales de partido, las acciones en juego pasivo, el juego ante una defensa mixta con marcaje individual a un jugador o, como es el caso que vamos a tratar, las acciones en un golpe franco.

El “Dream team” de Valero Rivera dio en su momento todo un tratado de aprovechamiento de estos momentos del juego con una amplia variedad de situaciones. En los últimos años no es tan habitual ver su aplicación, salvo en contadas ocasiones.

En el partido celebrado entre el equipo nacional juvenil de España y Suecia en los octavos de final del Campeonato del Mundo 2019 se comprobó la riqueza táctica del conjunto español, cumpliendo esa premisa de que todo equipo bien trabajado debe tener alternativas para todas las situaciones del juego. Y nadie duda de que los equipos de Alberto Suarez están bien trabajados.

Al comienzo del segundo tiempo se produce un golpe franco a favor de los hispanos en la zona lateral. Barrera de dos jugadores y saque directo al extremo, que realiza una trayectoria muy cerrada, lo que lleva al defensor a decidir que su oponente se está quedando sin ángulo y le deja que salte. Cayó en el engaño.

El central que estaba en la barrera aprovecha la fijación del pivote a su defensor par para penetrar tras un cambio de dirección y recibir en fly para conseguir un bonito y trabajado gol.

Si observamos la reacción del entrenador sueco parece mostrar la indignación propia que todos los entrenadores hemos sufrido en el banquillo cuando hemos explicado algo a los jugadores que va a ocurrir y ocurre. En el curso Análisis del juego en balonmano explicamos que el estudio de rival debe contemplar la existencia o no de distintas soluciones para cada situación del juego. A buen seguro que el preparador sueco lo tenía analizado, de ahí su desesperación.

Pero ¿es tan importante tener alternativas para todo lo que pueda ocurrir en un partido? Tan sólo es un gol. Pues sólo hay que recordar que el marcador final fue una victoria para España por tan sólo un gol de diferencia. Está claro que el partido son 60 minutos, donde caben muchas acciones y todas pueden ser decisivas, pero aprovechando otro refrán español “Toda piedra hace pared”.

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